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Cuales son los indicadores de abuso sexual en la infancia?

(Fuente: Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, Prov. de Córdoba)

Las manifestaciones que puede presentar un niño, niña o adolescente que haya sufrido abuso sexual son diversas y dependen de múltiples factores: el tipo de abuso, la posible existencia de una violación, la frecuencia y duración de los abusos –si ha sido un hecho aislado o algo reiterado-, el nivel de intimidad y vinculación emocional existente con el autor, la edad del niño, niña o adolescente, los recursos psicológicos del mismo y del entorno protector. 

Save the Children (2001) informa que las niñas suelen presentar reacciones ansiosas/depresivas, mientras que en los niños es más frecuente el fracaso escolar, dificultades inespecíficas de socialización y comportamientos sexuales agresivos. 

Según Echeburua y Corral (2006) los niños en edad preescolar pueden manifestar estrategias de negación del hecho, ya que cuentan con un repertorio limitado de recursos psicológicos. Los niños en etapa escolar demuestran sentimientos de culpa y vergüenza. En la adolescencia puede suceder la fuga del hogar, el consumo abusivo de drogas y alcohol, promiscuidad sexual, intentos de suicidio, conductas autolesivas, trastornos de alimentación. 

Si bien estos comportamientos y manifestaciones por sí mismos no comprueban la existencia del abuso sexual, muchas de ellas son compatibles con otros tipos de violencia hacia niñas, niños y adolescentes. Por esta razón, siempre deben ser atendidos. 

En la mayoría de los casos el primer o único indicio es el relato del niño, niña o adolescente. Es por esto que conocer las consecuencias y síntomas originados por el abuso sexual es clave para favorecer su detección y una intervención adecuada por parte de los adultos. 

Una aproximación a los indicadores es valorarlos según su especificidad, ya que muchas veces pueden aparecer un conjunto de indicadores que pueden significar un suceso altamente traumático en la vida del niño, niña o adolescente sin que ello implique el abuso sexual. Siguiendo a Intebi y Osnajanski, se puede catalogar los indicadores de la siguiente manera: 

A. INDICADORES ALTAMENTE ESPECÍFICOS DE ABUSO SEXUAL 

Información confiable sobre conductas sexuales claramente inapropiadas de las figuras parentales o de otros adultos hacia el niño, niña o adolescente, o de las que éste es testigo. 

Manifestación por parte de la niña, niño o adolescente de haber sido objeto de abuso sexual. 

Informe médico que confirme la existencia de abuso o indicio de que está ocurriendo

Presencia en la niña, niño o adolescente de alguno de los siguientes indicadores físicos

  • Lesiones en zonas genital o anal. 
  • Desgarros recientes o cicatrices del himen y o de la mucosa vaginal en las niñas. 
  • Diámetro del himen mayor que 1 cm en las niñas. 
  • Dilatación anal y esfínter anal hipotónico. 
  • Sangrado por vagina o ano. 
  • Embarazos. 
  • Infecciones genitales o de transmisión sexual: sífilis, sida no preexistente al momento del nacimiento, condilomas acuminados (verrugas genitales), flujo vaginal infeccioso con presencia de gérmenes no habituales (clamidia, tricomonas) en la flora normal. 

B. INDICADORES DE PROBABLE ABUSO SEXUAL

La hipótesis de un supuesto abuso sexual debe ser valorada siempre. Es posible ante: Inflamaciones, enrojecimiento y lesiones por rascado en zonas genital o anal. 

Conductas hipersexualizadas o autoeróticas infrecuentes para la edad del niño, niña o adolescente: Masturbación compulsiva: se advierte cuando es la actividad que más interés despierta en las niñas, niños y adolescentes y ocupa la mayor parte de su tiempo. También cuando no puede evitarla incluso en presencia de una figura que podría censurarlo. 

Conductas inapropiadas para cualquier edad como por ejemplo, investigar los genitales (sobre todo el recto) de animales y/o intentar introducir objetos en sus orificios. 

Variante particular de los juegos de “médicos”, “los novios” o “el papá y la mamá”. 

Realización de juegos sexuales con otros niños, niñas y adolescentes, con representaciones o actividades concretas de sexo oral, coito anal o vaginal, inserción de objetos en orificios genitales o masturbación mutua. 

Utilización de la fuerza física o la coerción psicológica para conseguir la participación de otras niñas, niños y adolescentes en los juegos sexuales. 

Sexualización precoz: juegos sexuales tempranos acompañados de un grado de curiosidad inusual para la edad. 

Realización de juegos sexuales con otros niños, niñas y adolescentes de edades inferiores o que están en un momento evolutivo distinto. 

Acercamientos peculiares a los adultos: tratar de tocar u oler los genitales del adulto; aproximarse por detrás a una persona agachada y, desde esa posición, realizar movimientos copulatorios; acomodarse sobre un adulto en la cama y simular movimientos de coito; pedir o tratar de introducir la lengua cuando besa. 

En adolescentes: promiscuidad sexual, prostitución o excesiva inhibición sexual. Conocimientos sexuales inusuales para la edad. 

Manifestación por parte de una de las figuras parentales o un miembro de la familia de la niña, niño o adolescente de sus sospechas de que el abuso está ocurriendo. 

Información o sospecha de conductas sexuales por parte de los adultos que viven con el niño, niña o adolescente que resultan “dudosas” en cuanto a su adecuación. Las conductas hipersexualizadas insinúan un conocimiento inusual acerca de los comportamientos sexuales adultos y revela erotización precoz. Poder distinguir en poco tiempo y con el mayor grado de certeza posible si se trata de conductas exploratorias inofensivas o indicadores de que está ocurriendo algo más grave, es de gran ayuda para la detección del abuso sexual. En estos casos se aconseja consultar ante la sospecha a un profesional especializado. 

C. INDICADORES DE INESPECÍFICOS DE ABUSO SEXUAL 

Estos indicadores no tienen necesariamente una relación causal con el abuso sexual y pueden aparecer sin que éste exista, pero dado que están estrechamente vinculados a situaciones de estrés elevado, su presencia es indicadora de sospecha y en estos casos la hipótesis de abuso sexual debe ser siempre tenida en cuenta y valorada. 

1. Indicadores físicos 

  • Ciertos trastornos psicosomáticos como dolores abdominales recurrentes y dolores de cabeza de causa desconocida.
  • Trastornos de la alimentación (bulimia y anorexia nerviosa).
  • Fenómenos regresivos como la enuresis (orinarse en la cama dormido) y encopresis (defecar en la cama dormido) en niñas y niños que ya habían logrado el control de esfínteres.
  • Infecciones urinarias repetidas sin causa orgánica o externa identificable.

2. Indicadores piscológicos y conductuales 

EN LA INFANCIA TEMPRANA: (3 AÑOS O MENOS)

  • Retraimiento social. 
  • Alteraciones en el nivel de actividad junto con conductas agresivas o regresivas. 
  • Temores inexplicables ante personas o situaciones determinadas. 
  • Alteraciones en el ritmo de sueños. 

EN PREESCOLARES:

  • Síndrome de estrés postraumático. 
  • Hiperactividad. 
  • Enuresis y encopresis. 
  • Trastornos del sueño como pesadillas, terrores nocturnos. 
  • Fobias o temores intensos. 
  • Conductas compulsivas de distinto tipo. 
  • Fenómenos disociativos. 

EN ESCOLARES Y PREADOLESCENTES:

  • Cualquiera de los trastornos observables en etapas anteriores. 
  • Dificultades de aprendizaje o alteraciones en el rendimiento de aparición brusca e inexplicable. 
  • Fugas del hogar. 
  • Retraimiento llamativo o, por el contrario, hostilidad y agresividad exacerbada en el hogar o con los amigos y compañeros de estudios. 
  • Sobreadaptación, pseudomadurez. 
  • Conflictos con las figuras de autoridad, y desconfianza hacia los adultos importantes. 
  • Pequeños robos. 
  • Mentiras frecuentes. 
  • Sentimientos de desesperanza y tristeza. 
  • Tendencia a permanecer en la escuela fuera del horario habitual. 

EN ADOLESCENTES:

  • Conductas violentas de riesgo para su integridad física. 
  • Retraimiento, sobreadaptación. 
  • Fugas del hogar. 
  • Consumo de drogas. 
  • Delincuencia. 
  • Automutilaciones y otras conductas agresivas. 
  • Intentos de suicidio. 
  • Trastornos disociativos. 
  • Trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia).

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